17
Oct

Patos

Julián Montaño

Aparentemente los Patos descubrieron que en realidad lo que había en la cueva era una imagen verdadera del Gran Pato Primigenio, pintada en las paredes de la cueva con el barro original de la laguna. Esto coincidía con la leyenda que aseguraba que en un tiempo lejano todo el valle había sido una laguna y demostraba que los Patos estaban aquí por derecho propio. A partir de ahora las cosas iban a cambiar. Los Conejos tendrían que dejar su funesta manía de cultivar melones y zanahorias y cazar para los Patos. Al fin y al cabo los Conejos –se acababa de demostrar- eran los inquilinos y no al revés.

Los Conejos reaccionaron. Enviaron a sus juristas y teólogos a hablar con los Patos (que se hallaban ya en posesión de la cueva) y a demostrarles que lo que había pintado en la cueva era un Conejo, les pidieron por tanto que miraran bien lo que había pintado en la cueva.

“Si miráis bien descubriréis que lo que hay pintado es un Conejo no un Pato, miradlo detenidamente. Esto demuestra que este es nuestro sitio y vosotros sois los inquilinos”. “No, miradlo bien vosotros, ¿veis? es un Pato lo que hay aquí pintado, esto nos pertenece, la aldea nos pertenece, vosotros tendréis que trabajar para nosotros.”

Mientras las conversaciones seguían hubo una escisión en el bando de los Conejos. Familiarizados ahora con lo que es un Pato (hasta entonces una animal que había pasado desapercibido entre los Conejos) muchos de los Conejos habían empezado a tener dudas y a plantearse si en realidad la imagen pintada era realmente sólo un conejo. Si uno la miraba bien podía que también pudiera verse como un pato. La posición de los Patos también empezó a hacerse más compleja: ¿hasta que punto era legítimo apoderarse de la cueva y de la aldea? Al fin y al cabo después de ver a menudo los conejos de los alrededores de la aldea de los Conejos, parecía posible también ver la imagen de la cueva como un conejo.

Se produjeron escisiones en ambos bandos. Los Conejos recalcitrantes empezaron a tachar de relativistas peligrosos a los Conejos con dudas (sospechaban, no sin razón, que les atraía demasiado el licor de hígado de pato). Los Patos liberales veían en los Patos con dudas a comunitaristas que querían imponer el orden y la austera disciplina de la sociedad Conejo a la tribu de los Patos, temiendo que desapareciera su modo de vida divertido y despreocupado.

Todo el mundo discutía y todo el mundo apelaba a la misma imagen (“¿No veis que es un pato?”, “no está claro que no pueda ser un conejo”).

Las experiencias se han enriquecido. La tribu se ha empezado a poblar de patos y conejos. De estilos de vida distintos con “maneras de hacer mundos” (Nelson Goodman) distintas. La conversación se ha hecho mucho mas compleja, y no sólo porque sean dos tribus distintas las que hablan, con hábitos e imagen de si mismos distintas, que obedecen a “redes de significado” diferentes. La conversación es más compleja dentro de cada tribu.

A veces podemos describir desde la perspectiva de la 3ª persona experiencias y maneras de “ver cómo” (“ver X como PATO”, “ver X como CONEJO”) que pertenecen a la perspectiva de la 1ª persona y a veces no. Thomas Nagel, en un artículo clásico titulado “What is it Like to Be a Bat?” (The Philosophical Review, Vol. 83, No. 4, Oct., 1974, pp. 435-450) nos descubrió que si hay algo que cuenta para definir “eso de ser un murciélago” es la experiencia de percibir el mundo externo a través de un sonar, a través de la ecolocación típica de esta especie, algo completamente irreductible a cualquier experiencia que nosotros podamos tener. No hay manera de contar en nuestros propios términos, ni por mucho que la neurociencia descifre por completo el cerebro de un murciélago la experiencia que ellos tienen de percibir las cosas. No hay manera de exportar algo que sólo se puede vivir desde el punto de vista de la 1ª persona a un punto de vista externo, al de la 3ª persona. No hay manera de hacerse cargo de eso que sea ser un murciélago. Y como comenta Arthur Danto, comentando a su vez el artículo de Nagel, al igual que con los murciélagos tenemos ese problema con otras personas y no sabemos muy bien que es eso de “pensar que el mundo es plano, que estoy irresistible con mi traje de Poiret, que el reverendo Jim Jones me habría salvado con su amor, que los animales no tienen sentimientos o que las flores sí los tienen –o que el punk está donde está-“ (citado por C. Geertz, en su Tanner Lectura, The Uses of Diversity, vid. www.tannerlectures.utah.edu/lectures/geertz86.pdf)

Por el contrario a veces perspectivas que parecían irreductibles parecen más asequibles de lo que fueron en un primer momento. Parece que los delfines tienen creencias en el sentido de que tienen razones para la acción, o sea son capaces de orientar sus acciones por consideraciones acerca de lo que es bueno o malo para ellos y conforme a lo que perciben del mundo externo. Actúan de una manera inteligente cuando los delfines piloto avisan a la manada de que han detectado un banco de peces y la manada corrige el rumbo. Esto, que está muy bien descrito en el capítulo “The Intelligence of Dolphins” de Dependent Rational Animals  (Duckwoth, London, 1999, pp. 21-28) de Alasdair MacIntyre, le lleva este autor a buscar una definición más ajustada para “hombre” que “animal racional”. Si los delfines tienen creencias en el sentido fuerte del término, entonces la frontera y entre hombres y delfines hay que rehacerla. Nuestra imagen no ya como tribu sino como humanos se altera.

Si las fronteras entre lo humano y lo no humano se desplazan, como cuenta MacIntyre, y si entre los humanos tenemos experiencias tan lejanas del tipo “eso de ser un murciélago” es que estamos en la situación de Patos y Conejos. La línea entre lo humano y lo no humano se ha hecho borrosa, y las líneas entre unos humanos y otros se han hecho patentes. Reconocer lo humano se ha hecho más difícil, y hablar de nuestra tribu, de lo que hacemos, es más complejo y requiere “lenguajes más sutiles” (Charles Taylor) y contar lo que nos pasa requiere “descripciones densas” (Clifford Geertz). Hace falta una atención cuidadosa a la densidad de niveles de significado que hay en lo que hacemos y vemos para aclararnos con todo lo que nos está pasando. Ya no estamos los Conejos solos.

Por eso tiene sentido ver qué es lo que han dicho de sí mismos Patos y Conejos. Ver qué han pintado, esculpido, escrito, traducido, construido, qué hicieron y qué no hicieron. Todo eso es lo que hacen las humanidades, nos dan lenguajes más sutiles para comprender a Patos y Conejos. Quizás no siempre resolverá conflictos como el de la cueva, pero sí hace que al menos el conflicto se mantenga en conversaciones educadas sobre qué es lo que realmente puede verse en la imagen y porque se ve un pato o un conejo y otra veces, muchas por qué no, también puede hacernos entender que es eso de ser un murciélago.

Comments

rabaty August 31, 2013 - 4:28 pm

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