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Oct

Bolonia

Written on October 30, 2007 by Administrador de IE Blogs in Arts & Cultures & Societies

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Miguel Herrero

Cuando la razón no es guía, me gusta seguir las señales que la intuición distingue sin saber por qué, y aunque así no duraría media hora en los casinos de Las Vegas, no es éste un mal sistema para elegir temas de blog. Y la interpelación de Julián el miércoles pasado (¿Qué hay en el norte de Italia?) es una de estas señales que se agradecen con ganas, porque hace tiempo que quería rendir homenaje a la ciudad en la que he encontrado todo lo que la vida pueda ofrecer y aún mucho más. Pero me resisto a caer en el feo vicio de la autobiografía no solicitada, y cuento algunas de las glorias de Bolonia.

Las historias superficiales del arte con que la mayoría estudiamos en la escuela citan de pasada a Guido Re ni, los Carracci o al Guercino, porque saltan, como si fuera una carrera de obstáculos que llega hasta Picasso, de los maestros de Toscana y Roma a los de Venecia sin parar mientes en la Emilia. Y de repente uno descubre el gran fresco de Reni sobre la tumba de Santo Domingo (labrada por Arnolfo di Cambio y Miguel Ángel) y tiene la impresión de que ha encontrado por fin la conjunción absoluta de la belleza, la fuerza y la armonía. Y al primer impulso de indignación porque el mundo no lo admire a la altura de los más grandes artistas, sucede el alivio de que su obra no esté siempre rodeada de muchedumbres con la cámara de vídeo que sin duda son la causa por la que sonríe la Gioconda asediada en el Louvre.

Lo que sucede con sus artistas es símbolo de lo que le ocurre a una ciudad. Emparedada entre Venecia y Florencia, hace tiempo que pasa inadvertida para los grandes grupos de turistas, porque no es tan fotogénica como sus vecinas para retratarse con el gran monumento y presumir después. Pero el encanto de sus kilómetros de soportales, sus palacios de piedra y ladrillo, decorados con terracotta fuera y frescos dentro, sus patios y plazas, es inigualable. Y la ausencia del turismo de masas la deja por fortuna en manos de los estudiantes y los boloñeses, orgullosos como nadie de su histórica ciudad. Porque no sólo es la capital de la pasta fresca, los tortellini y tortelloni (para la pasta seca, vaya Vd. a Nápoles), y de la dolce vita, sino que es lugar de grandes gestas, donde la historia de Italia se refleja como en un tubo de ensayo.

El último siglo ha dejado sus cicatrices tenebrosas: bastión del fascismo, en la guerra fue bombardeada y escenario cruel de matanzas de los nazis primero y los partisanos después. Pero la luz es en Bolonia muy superior a las sombras. Allí inventó Guiglielmo Marconi la radio. Allí se coronó en 1530 Carlos V emperador. Allí, en torno a los glosadores que comentando el Código de Justiniano inauguraron el derecho común europeo, se fundó, dice la tradición que en el 1088, la primera Universidad de Europa.

Como suele suceder, las más grandes obras se alzan entre graves tensiones. Los glosadores trabajaban en un tiempo peligroso: güelfos y gibelinos libraron las batallas entre partidarios del Papa (los primeros) y el Emperador (los segundos: tal vez es superfluo aclararlo, pero es que en estas banderías medievales, como oñacinos y gamboínos, o los de la rosas blanca y roja en Inglaterra, nunca consigo acordarme bien de quién era quién). El emperador fue finalmente derrotado. Pero poco después los Papas perdieron el control de sus dominios italianos ante los señores locales y se vieron forzados a trasladar su sede a Aviñón. Y entonces, en pleno siglo XIV, entra en escena otro gran personaje de la historia boloñesa, española, y universal, Gil Álvarez de Albornoz. Su fama es menor que su grandeza y sus obras. Merecen el último párrafo.

Nacido en Cuenca, arzobispo de Toledo, vencedor de la batalla del Salado (1340) que puso fin definitivo a la esperanza de Al-Andalus, autor principal del Ordenamiento de Alcalá (1348), sufrió la suerte de tantos grandes españoles: fue exiliado. Y en Aviñón el Papa aprovechó su talento de legislador y general, y le hizo cardenal y legado pontificio para reconquistar las tierras perdidas. Y con pocos caballeros y muchos bríos, venció a los Visconti de Milán y a otros poderosos, reconquistó Bolonia, y  abrió el camino a Roma. El Papa retornó cuando Albornoz moría. El cortejo fúnebre, en el que participaron los reyes de Francia y Castilla, llevó su féretro en volandas desde Asís a Toledo. Y en su testamento dejó todos sus bienes, clarividente, a un colegio en Bolonia para albergar estudiantes procedentes de España. Su testamento se adelantaba cien años a la Historia, porque España era en 1364 una quimera futurista. Seiscientos años después, el Real Colegio de España se mantiene como su heredero universal para cumplir la voluntad de su fundador.

Todas las ciudades tienen altos y bajos, nacen y mueren. Como los hombres, no son eternas ni perfectas. Pero igual que hay gente que pasa dejando un rastro luminoso de obras duraderas, así también hay ciudades que destilan saber, vida y belleza. Como Bolonia.

Comments

Medici November 3, 2007 - 5:31 am

Del magnífico comentario sobre Bolonia seguro que hay cosas que no se pueden discutir como son la majestuosa fuerza del sepulcro y de la cúpula, la belleza frecuentemente velada de la ciudad, la resonancia académica magnificada en el caso español por el Real Colegio de España y, sobre todo, la memoria del Cardenal Albornoz.
Entre lo que sí cabría un comentario, sería sobre Carraci y Guido Reni.De éste, es el fresco de la formidable cúpula y posiblemente sea uno de los grandes pintores italianos pero como mucho de los menores italianos de la época. Posiblemente tuviese las facultades para haber sido un pintor genial pero la insistencia en demandarle obras religiosas produjo obligatoriamente que se copiase a sí mismo y quizá que se aburriese. Siendo osado, me atrevería a decir, que le pasó lo mismo que a Murillo, que no tenía ocasión de demostrar su genialidad en las obras que le encargaban, y solo alcanza niveles entre los grandísimos maestros en las obras “civiles”, como las portentosas de niños que guarda la National Gallery de Londres. A Reni, solo la influencia de Caravaggio y la libertad de Roma le permitieron hacer alguna obra verdaderamente suprema,también “civil”.

Miguel November 3, 2007 - 8:43 pm

¡Gracias, Medici! Da gusto ver algún comentario. No te falta razón. De todos los cuadros de Caravaggio se desprende un toque de genialidad. Y sólo de algunos de Reni. Pero les ocurre a ambos, creo, sea cual sea el tema, tanto en los mitológicos como en los religiosos. La comparación con Murillo da en el clavo, tal vez Reni se limitó demasiado a cumplir con total maestría los encargos que le hicieron, y le faltó ese plus de ambición artística que en muchas ocasiones va asociada a la rareza, al mal carácter, a la desdicha, a la sensación de insatisfacción con lo conseguido.

Arantza de Areilza November 4, 2007 - 8:58 pm

Miguel:
Estuve hace unos años en Bolonia visitando a una amiga oriunda de esa magnífica ciudad;y recuerdo, que en la cena que organizo con un variopinto grupo de boloñeses, se hablo mucho de Pasolini. Quizá porque le consideraban boloñés al haber nacido allí, aunque sus padres eran de Ravena y Friula, o quizá porque estudió letras e historia del arte en dicha universidad o porque recoge la tradición izquierdista contemporánea de Bolonia. En aquella conversación, los boloñeses hicieron hincapié en la calidad de su poesía y sus novelas, a menudo olvidadas tras sus éxitos cinematográficos. Desde hace tiempo, me ha llamado la atención el siguiente fragmento epistolar que muestra la fuerza y el realismo crudo que caracterizan su obra.
AL RAGAZZO CODIGNOLA
Caro ragazzo, sì, certo, incontriamoci,
ma non aspettarti nulla da questo incontro.
Se mai, una nuova delusione, un nuovo
vuoto: di quelli che fanno bene
alla dignità narcissica, come un dolore.
A quarant’anni io sono come a diciassette.
Frustrati, il quarantenne e il diciassettenne
si possono, certo, incontrare, balbettando
idee convergenti, su problemi
tra cui si aprono due decenni, un’intera vita,
e che pure apparentemente sono gli stessi.
Finché una parola, uscita dalle gole incerte,
inaridita di pianto e voglia d’esser soli —
ne rivela l’immedicabile disparità.
E, insieme, dovrò pure fare il poeta
padre, e allora ripiegherò sull’ironia
— che t’imbarazzerà: essendo il quarantenne
più allegro e giovane del diciassettenne,
lui, ormai padrone della vita.
Oltre a questa apparenza, a questa parvenza,
non ho niente altro da dirti.
Sono avaro, quel poco che possiedo
me lo tengo stretto al cuore diabolico.
E i due palmi di pelle tra zigomo e mento,
sotto la bocca distorta a furia di sorrisi
di timidezza, e l’occhio che ha perso
il suo dolce, come un fico inacidito,
ti apparirebbero il ritratto
proprio di quella maturità che ti fa male,
maturità non fraterna. A che può servirti
un coetaneo — semplicemente intristito
nella magrezza che gli divora la carne?
Ciò ch’egli ha dato ha dato, il resto
è arida pietà.
Pier Paolo Pasolini
(Da Poesia in forma di rosa, 1964)

Medici November 5, 2007 - 2:37 am

Despues de leer la respuesta al post,me proponía sacar un tema, sobre el que he tenido ocasión de pensar muchas veces. Después de poner el post me quedé pensando que pensaría Guido Reni y Murillo cuando pintaban sus vírgenes barrocas. Esto lo pensaba en combinación con otro pensamiento redundante que, en ocasiones, me viene a la cabeza. En el colegio, el profesor de historia del arte nos decía que Velazquez no era un pintor inteligente, y también nos contaba que la Academia de Bellas Artes no había sabido apreciar el talento y admitir a Goya. Esto segundo, que a él le parecia muy grave, a mi siempre me parecía normal. Pienso que una institucion debe seleccionar a los muy buenos, pero los grandes genios estan fuera de cupo.
De lo primero, es decir, la inteligencia de Velazquez a lo que yo añadiría la genialidad dudosa de una virgen pintada por Murillo o por Reni, me hago preguntas, cómo, si es posible pintar una escena de corte estática o el arrebol de una visión de la divinidad con un talento genial.
¿Es posible pintar el extasis y ser creíble? ¿Es posible ascender a los cielos impávido rodeado de ángeles y transmitir fuerza a los pinceles para que entiendan lo sublime de la situación cuatro siglos después? Ni Roy Lichtenstein ni los pintores citados nos transmiten las olas que se estrellan con los besos, los abrazos perdidos, y ni siquiera el dolor. Ese dolor, que por humano, nos parece genial o sublime, y que Van der Weyden en su descendimiento de la Crucifixión, o Miguel Angel en su Piedad, rotundamente nos transmiten.
En una escena de corte cabe la maxima expresion sociologica,critica o ambiental. Pero en un extasis en volandas no hay posibildad de analisis ni de referencia…En cualquier caso a Velazquez le quedaria entre muchos la vieja friendo huevos… entre otros…,pero a los pintores religiosos de encargo es dificil otra cosa que la maravilla de la representacion, de la composicion, del color, de las figuras, de las caras. Pero el alma es dificil de encontrar…
Me figuro, por tanto, a Velázquez intentando la perfección y el aire de la Corte y la ingravidez de los asuntos que representaba. Dejó para Juan de Pacheco, Inocencio X, y La Vieja friendo Huevos, el más allá. Todos mientras hacían sus cuadros tenían que estar pensando en esos cuadros de encargo, que tenían que hacer lo mejor que pudiesen lo imposible, pero los únicos ojos que verían el aplauso eran los del cliente.

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